Hoy me he encontrado casi por casualidad con un post de mi primer blog, que hoy yace algo abandonado, un proyecto en el que entonces me embarqué sin demasiadas pretensiones, como una mera bitácora personal.
Es bastante largo pero he pensado que quizá os enganche mi relato, mi voz hace cuatro años, con los niños pequeños, y otras perspectivas muy diferentes. Hoy veo un poco la luz al final del túnel, pero las perspectivas son similares. Espero que os guste:
30 de octubre de 2011 - 10:56 by Carmen Delia Díaz
En estos momentos no sé muy bien cómo definir la conciliación,
pero escribo mientras mi hijo Guille gatea a mi alrededor y lo pone todo
patas arriba. Me sentiría mejor si jugara con él, pero necesito sacar
aunque sean cinco minutos para pelear por las cosas en las que creo, y
de paso, intentar dejarle un mundo mejor.
ADVERTENCIA: este ensayo
es muy largo, unas siete páginas. No se lo lea si no le interesa la
conciliación, si no le interesa la problemática social de los hijos, si
no quiere oír hablar de niños, colegios, guarderías, etc.
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| Yo y la sombra de mi hijo mayor |
Hoy he entrado por segunda vez en un magnífico blog del País que os recomiendo:
http://blogs.elpais.com/mamas-papas/ No
conozco a sus autores pero ya he manifestado alguna vez que mi
generación ha tenido que esperar a que algunos grandes periodistas
tuvieran hijos -o tuvieran que ocuparse personalmente de ellos- para
poder leer artículos como estos. Si los de mi quinta se han retrasado en
la maternidad, en el sector periodístico ya ni te cuento. En el blog se
reflejan un rosario de comentarios sobre cuál es el horario de cada
mamá y papá trabajadores. La mayoría coinciden entre sí, y también con
el mio, minuto arriba, segundo abajo. Por el medio hay quien se
escandaliza de que un niño esté nueve horas en la guardería y hay
también mamás directivas que curiosamente dicen que no debemos quejarnos
de nada y que conciliar está chupado. Comentarios que sin duda resultan
poco creíbles para una auténtica mamá, y me refiero a la que atiende
directamente a sus hijos, no a quien tiene una empleada interna 24 horas
al día que hace bondadosamente el papel de madre para otros niños.
Para
pensar en cómo era una madre de antes, aplicado a mi familia, tendría
que remontarme hasta mi bisabuela. Esto viene al caso de que algunos de
los "comentadores" del blog dicen que la vida de las mujeres fue así
siempre y que antes no se quejaban. El comentario tiene tela pero me
hace reflexionar... realmente la lectura que saca quien lee a quienes
hablamos de conciliación es que nos estamos quejando... ¿nos estamos
quejando?
Es posible que el cansancio, la realidad que nos rodea o
las dificultades para hacer compatible tener una familia con trabajar
hagan que parezca que nos quejamos. Y es que quienes no tienen hijos
creen que los padres nos quejamos de vicio... "no haberlos tenido" me
han dicho más de una vez. Qué fuerte! he pensado, que alguien a quien mi
hijo va a pagar la pensión de jubilación diga esto mientras "se va de
rositas" eligiendo renunciar a tener descendencia. El mundo es libre y
cada uno decide, nada es mejor ni peor, pero entonces todos tenemos
derecho a quejarnos.
Personalmente creo que la conciliación es una
utopía. Es imposible dedicar tiempo a dos cosas a la vez. Si estás
trabajando en casa no puedes estar cuidando de un niño, aunque ayudaría
poder trabajar desde casa cuando tienes a un niño enfermo, sin duda,
pero el caso es que al final el tiempo se divide en dos, un rato
atiendes al niño, y un rato al trabajo, y así, al final, haces ambas
cosas deficientemente. Si entramos en detalles sobre los tipos de
trabajo podemos sacar múltiples reflexiones. Evidentemente no es lo
mismo una teleoperadora que un informático, o un abogado que una
costurera. Yo trabajo en comunicación y marketing y realmente conciliar
me resulta bastante difícil en un 50 por ciento de los días, e imposible
un 25 por ciento, el restante 25 es llevadero. Esto es teoría, la
práctica es que la mayoría de los días al salir de mi trabajo voy con
los niños a cuestas atendiendo llamadas del móvil, tomando notas,
hablando por el manos libres con clientes que de vez en cuando oyen un
berrinche de uno de mis hijos, trato de comer algo mientras respondo
mails desde la blackberry, y todo ello sin olvidar que el bebé necesita
un disfraz de halloween para el viernes, o que el mayor tiene que llevar
una calabaza decorada al colegio. Me resulta imposible cuando tengo que
trabajar por las tardes porque tengo un evento, una reunión o alguna
gestión del trabajo, lo que es totalmente incompatible con atender a los
niños por lo que tengo que buscar rápidamente a alguien para que se
quede con ellos, algunas veces sabiéndolo en el mismo día.
Acabo
de darme cuenta de que ni he mencionado a mi marido, la verdad es que
sólo estoy hablando de mi parte de trabajo en casa, pero somos un equipo
y el día que uno no puede colaborar para el otro es absolutamente
agotador. Él también baña, hace cenas, prepara biberones, recorta
sombreros para disfraces de chino en carnavales y va al súper, faltaría
más. Lo que es cierto es que su horario de trabajo es más amplio, yo
tengo reducción de jornada y trabajo -en la oficina- solo 6 horas, lo
que me obliga a ser yo siempre la que llevo a los niños al colegio y los
recojo.
Suelo decir que mis hijos son mi ONG. Me siento feliz de
haber tomado la decisión de tenerlos y siento la responsabilidad de
educarlos para que sean buenas personas y valiosos profesionales; esta
es mi contribución a la sociedad. Pero hace tiempo que me he dado cuenta
que no sirve de nada tratar de explicar a alguien que no tiene a nadie a
su cargo que a la hora en que sale tu hijo del colegio te tienes que ir
pitando.
Cuando tenía 23 años salía a las 8 de la mañana de casa
con un enorme bolso y me resultaba algo emocionante no saber cuál sería
la hora de llegada. Durante alguna etapa corta también he estado
pluriempleada y trabajado de 8 de la mañana a 12 de la noche, con una
hora para comer. Correr para aquí, correr para allá. No me quejo, me
encanta mi trabajo, he vivido experiencias increíbles, pero
evidentemente ese ritmo no se puede aguantar toda la vida, y menos si
decides tener hijos.
Hoy tengo 35 y dos hijos de 3 y 1 año. Mi
reto es conciliar, ser eficaz, y la verdad es que hacer en 6 horas lo
que hacías en 8 es fácil con un poco de organización y eliminando
pérdidas de tiempo innecesarias. El correo en el móvil es un inventazo,
entiendo que un cliente no entienda que se le tarde un día en responder a
un mail, así que intento responder desde la blackberry a las cosas
urgentes pero he aprendido a distinguir perfectamente lo inminente de lo
que puede esperar a mañana. A pesar de todo veo que no soy igual de
productiva que cuando tenía 23 años. Es imposible. Si surge un
imprevisto que hay que resolver y es mi hora de salida yo me tengo que
marchar. Si no salgo en hora no llego a recoger a los niños, no me da
tiempo a comer, y voy a carreras toda la tarde hasta la hora en que sale
mi marido que ya quedo un poco más disponible. Para mí, un problema
gordo que surge al mediodía prácticamente tiene que esperar a las 6 de
la tarde, trabajando en comunicación esto es un grave problema.
¿Cómo
se podría resolver esta disminución temporal de la productividad? Desde
mi punto de vista de dos únicos modos: con espíritu de equipo y con
incentivos sociales. Se entiende que en un equipo de trabajo hay
personas en diferentes circunstancias. Si hay respeto y cariño, todos lo
hemos vivido, y unos pueden suplir a otros. Es verdad que es desigual,
pero si se entienden los niños como una carga familiar, creo que no es
tan grave, quizá la ley podría establecer algunas compensaciones, me
parecería justo. Hace unos años me vi en esa situación. Junto con otra
compañera, yo era la más joven de una empresa que en mi oficina tenía unos 16
trabajadores. Algunos tenían hijos pequeños, otros muchas más décadas de
trabajo a sus espaldas, el caso es que cuando tocaba quedarse a acabar
un proyecto al final nos tocaba siempre a los mismos. No tenía hijos en
aquel momento pero os aseguro que siempre entendí a una compañera que
tenía dos niños pequeños y trabajaba a destajo hasta la hora de salida y
luego nos dejaba el resto a nosotros. También recuerdo a otra que salía
corriendo a recoger a su hijo y se lo traía a la oficina. El pobre
hacía los deberes en una de las mesas mientras su madre terminaba el
proyecto. Me impresionaba el agobio de aquella madre que además estaba separada y no tenía a nadie en la ciudad que le echara una mano.
Pero
como no se puede pretender que el espíritu de equipo lo vivan igual
unas personas que otras, y enseguida hay quien se queja de la cara que
tiene una mamá que se va a casa con sus hijos mientras otros acaban el
trabajo, ahí entra la ley. En primer lugar debería equipararse un hijo
pequeño a un familiar dependiente, puesto que un bebé es un ser con un
grado de dependencia de un cien por cien. Esto es así guste o no guste.
Nadie discute a una persona con su madre inválida en casa que tenga que
irse en hora, nadie se molesta cuando paras el coche en doble fila y
bajas a una persona mayor en silla de ruedas… pero si en lugar de eso
bajas a un bebé te empiezan a pitar, haced la prueba. Al parecer, no se
puede cargar a un adulto en silla de ruedas 3 manzanas, pero si tienes
que dejar a un bebé en la guardería la gente –que no tiene hijos- cree
que deberías buscar aparcamiento todos los días y caminar bajo la lluvia
con 10 kilos encima, más la bolsa.
Sería tan sencillo -en época de bonanza claro, no
ahora en crisis que no hay dinero para nada- hacer una campaña de
concienciación para que la gente entienda que un niño de hasta 5 años es
un ser con un nivel de dependencia equiparable al de un adulto
superdependiente. Necesita que se le alimente, se le vista, se le
abrigue y se le lleve de un sitio a otro. Afortunamente el peso en kilos
es menor que el de un adulto. Con una buena concienciación social
ganaríamos bastante en conciliación los trabajadores, habría más
solidaridad entre trabajadores y el equipo podría suplir durante unos
años lo que durante esos años un papá o mamá no pueda dar en horas
extras. Incluso se podrían establecer compensaciones, primando a las
empresas que las den por ejemplo, y de forma que los compañeros las
perciban en dinero o en días libres.
A nivel social, desde luego
creo que se debería prohibir por ley toda forma de discriminación por
condición familiar. Prohibir la entrada a un menor a un local (hablo de
cafeterías, hoteles, etc.) es discriminarle a él y a sus padres. Y esto
además bastante increíble en una sociedad en la que no nacen niños para
garantizar un crecimiento y el mantenimiento futuro de las
infraestructuras básicas. Desde luego que hacen falta incentivos, si no,
muy pocos darán el paso de tener hijos.
Pero además se necesitan
incentivos sociales establecidos por los gobiernos. Se ha avanzado mucho
en guarderías, pero lo cierto es que yo tengo que llevar a mi hijo a
una que está en el otro extremo de la ciudad porque en mi zona abrieron
una que sólo cubre una pequeña parte de la demanda, posteriormente
abrieron otra privada pero que también está llena. Quienes no están en
esta situación no lo saben pero, estando embarazada de sólo tres meses
ya tuve que solicitar plaza para mi bebé a riesgo de quedarme sin ella, y
como yo muchas personas. Cuando digo que hemos avanzado me refiero a
que hay bastantes guarderías de nueva apertura y cubren un horario
amplio, si uno se empeña consigue una de 8 a 18 horas por ejemplo, y con
flexibilidad para recogerlo a una hora u otra. El problema está en los
colegios.
En muchos centros se ha incorporado un servicio de
guardería a primera hora, se conoce como madrugadores y facilita un
montón la vida, aunque haya que pagarlo, claro. Entre otras cosas no se
monta el lío que se monta de coches en los colegios porque los niños
entran escalonadamente. Pero el problema está a la salida. Los niños
salen en torno a las 17 horas, todos, excepto los que se quedan a
actividades. A un niño de infantil no vas a dejarlo más de esa hora
porque viene absolutamente roto, desde las 7 de la mañana que está en
pie. Además, las extraescolares cuestan un dinero y tendrías que dejarlo
siempre, no solo algunos días que por trabajo te venga bien. No conozco
ningún colegio que tenga servicio de guardería a la salida, de modo que
no tengas que llegar al colegio a las 17 horas clavadas, sino que
puedas quedarte una hora más en el trabajo y recogerlo media hora más
tarde, por ejemplo. Me produce verdadera ansiedad la salida del colegio
de mi hijo, si me retraso diez minutos, sólo queda él, lo llevan a
conserjería y te llaman por teléfono. ¿es esto compatible con un
trabajo? Difícilmente, traten de explicárselo a su jefe…
Realmente
pienso que debería haber algún mecanismo de apoyo social familiar que
obligara a los centros privados y públicos a prestar servicio de
guardería –madrugadores- y también a la hora de la salida. Podría entrar
en detalles, pero sólo daré dos. Muchos colegios públicos, cuando un
niño de 3 ó 4 años se hace pis, llaman a sus padres para que vengan a
cambiarlo porque los profesores de infantil se niegan a hacerlo. Podría
llegar a entenderlo, aunque me cuesta, pero se imaginan la cara de un
empresario cuando un trabajadore pide abandonar su puesto durante una
hora para ir a cambiar a su hijo, que se pasa una hora mojado esperando?
Esto es una forma de maltrato infantil, y difícilmente los trabajadores
deberíamos tener derecho a ello, pero entonces los colegios tendrían
que hacerse cargo, por voluntad o por ley. El segundo detalle es el
horario. Los niños de infantil salen en torno a las 12:30 -13:00 si van a
comer a casa, y entran a las 15:00 para volver a salir a las 17 horas.
Realmente, ¿son estos horarios compatibles con una madre o padre que
trabaje? La respuesta es no. Lo que te obliga a pagar 100 euros al mes
adicionales de comedor y además, de forma opcional, una actividad
extraescolar de mediodía, para que el niño no se pase 2 horas vagando
por las aulas vacías del colegio. Seguro que muchos expertos han
estudiado el tema y propuesto soluciones legales para que se pueda hacer
que los horarios escolares y los laborales vayan un poco más acordes.
Por
último se debería explicar a la sociedad que los progenitores que se
acogen a una reducción de jornada por maternidad o paternidad no cobran
las horas que no trabajan. Algunas veces me he sorprendido de que a la
gente le parezca un abuso este derecho del trabajador, que además de
tener un hijo a su cargo pasa a cobrar menos, aunque, afortunadamente,
cotiza por sus 8 horas igualmente. Algo hemos avanzado con esta medida
que es de gran apoyo.
Legislación, políticas de apoyo a la
natalidad y a la familia y concienciación social. Tener hijos y criarlos
educándolos como personas es un bien no sólo para sus padres sino
también para la sociedad en su conjunto. Reconocimiento de los niños de
hasta cinco años como superdependientes, no a efectos de cobrar ningún
subsidio sino de derechos y ventajas sociales y de instar a la
solidaridad. Mientras no veamos así el problema parecerá que seguimos
quejándonos, y no buscando soluciones que dejen un mundo mejor a las
generaciones venideras.