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martes, 5 de mayo de 2020

Conciliar tras el coronavirus: vuelta a la casilla de salida

Empecé este blog cuando mis hijos pasaron de bebés a niños y, entre trabajo, casa y colegio, pude tener un respiro. Mi empeño era tratar de allanar el camino a quienes venían detrás, complementar así mi tímido activismo por la conciliación.

Es cierto que en los últimos años, muchos de los motivos que lo hicieron crecer se fueron disipando, pero tras la aparición del coronavirus muchas vidas tal y como las conocimos se hicieron añicos, y lo cierto es que hoy siento que muchas mujeres hemos vuelto a la casilla de salida.

El confinamiento

El 14 de marzo de 2020 se pararon todos los relojes. Mucha gente perdió a sus seres queridos, a los veteranos, a los más luchadores, y eso fue lo peor. Los sanitarios lucharon a destajo, mucha gente estuvo a la altura, otra no. Afloraron bondades y maldades de nuestras vidas urbanas y rurales, sentimos miedo, cantamos juntos y nos derrumbamos por momentos.

Seguimos vivos, es verdad. Pero una vez a salvo, la familia, pareja y los niños, los amigos, echamos un vistazo atrás y miramos adelante, y nos encontramos que ya no estamos en el mismo momento profesional y no lo estaremos.



Conciliar tras el coronavirus

El paro se ha disparado y muchas personas, muchos padres, han perdido su empleo. Siendo honestos sabemos que a las mujeres siempre nos toca una parte mayor cuando el trabajo flaquea: tenemos trabajos más precarios y cobramos menos, somos la parte débil de la ecuación entre vida laboral y familiar.

En mi caso han sido más de dos décadas de buscarme la vida con el trabajo, tratando de criar dos niños, y algunos proyectos en marcha. Buena parte de todo ello se ha venido abajo también con esta crisis, porque ya la denominamos así. Como tantas personas, he perdido lo realizado en los últimos meses, o incluso de años, y no estoy segura de que volvamos al mismo punto de manera próxima.

Pero la realidad es la peor constatación de esta situación. Quienes trabajamos desde casa, o muchos autónomos, nos ocupamos de los niños desde que el gobierno suspendió los colegios sin solución o alternativa posible. Para mí, las horas de mis hijos en el centro escolar eran mi tabla de salvación, lo que me permitía dedicar buena parte del día al trabajo.



Volviendo al principio

Pasadas las primeras semanas, el desánimo vuelve al constatar que las autoridades educativas no tienen la mínima intención, ni siquiera de cara al curso que viene, de restablecer las clases ni ofrecer ninguna solución de conciliación. Pero es que además hay otros elementos que nos ayudaban a conciliar como clases extraescolares, o incluso el comedor escolar, las ludotecas o academias, etc. han quedado igualmente abolidas a golpe de estado de alarma.

Llegados a este punto, volvemos a vernos abocadas a elegir entre trabajar o cuidar a los hijos, máxime cuando el apoyo familiar, basado en los abuelos, ya no es una opción porque son el principal grupo de riesgo. Tampoco podemos encargar comida o comer fuera con la misma libertad que antes del coronavirus, porque la mayoría de estos establecimientos han estado cerrados o con su actividad muy limitada. Lo mismo pasa con empleadas de hogar, cuidadoras u otros apoyos a la conciliación.



Por si todo esto fuera poco, los niños han sido considerados desde el principio un "vector de contagio", injustamente o sin evidencia científica, creándose así una corriente en contra de ellos que los tuvo confinados en casa más de 40 días... ¿Sabemos lo que son tantos días en casa con niños, verdad?. ¿No? Pues os lo cuento...

Los niños necesitan correr, saltar, gritar y moverse. Se les puede entretener a ratos, es verdad, suponiendo que podamos dedicarles ese tiempo, pero al final la situación acaba por desbocarse en algún momento del día y surgen las riñas, las peleas, las rabietas, los roces y los problemas de convivencia, ya que también los padres hemos estado al límite y somos humanos.

Y esto por no entrar a hablar del rol que nos hemos visto abocados a asumir como educadores online, ayudando a los más pequeños a realizar las tareas escolares, imprimiendo tareas, aclarando dudas, escribiendo al profesor para darle cuentas, y un largo etcétera.

Teletrabajo y conciliación

Quienes crecimos en los 80' y 90', nos hemos encontrado con un difícil acceso a la vivienda en las ciudades o falta de oportunidades en el rural, bastante inestabilidad laboral, entornos muy cambiantes y, por todo ello, hemos postergado la maternidad a edades que cada vez más se acercan a la cuarentena.

Vivimos la crisis económica de la primera década del 2000, muchos sectores se vieron especialmente castigados, sobre todo el sector  inmobiliario en todas sus ramificaciones. Cuando el consumo se reactivó y nuevos sectores comenzaban a crear oportunidades emergentes nos damos de bruces con esta pandemia que lo ha cambiado todo. No en vano ya se nos ha denominado "la generación arrollada por dos crisis", como reflejaba El País.



Es verdad que, como ya se ha dicho, la parte positiva de esta crisis sanitaria fue que muchos directivos entendieron que era posible teletrabajar, y que calentar la silla, algo que llevábamos décadas pidiendo quienes hablamos de conciliación, el presentismo, no era sinónimo de ser mejores profesionales.

Conforme avanzan los días y vemos cómo es la reactivación tras este parón, somos conscientes de que muchas empresas que antes iban bien ya no volverán a abrir sus puertas, no hay más que echar un ojo a la hostelería o la restauración, el sector turismo, para ver que se ha retrocedido años.

Hitos de la conciliación

Los principales caballos de batalla de quienes han peleado a nivel asociativo o agrupacional por la  conciliación en las tres últimas décadas han sido las siguientes.
  • Decidir libremente sobre nuestra maternidad /paternidad, sin condicionantes externos
  • Tener horarios de trabajo flexibles y posibilidad de teletrabajo
  • Contar con permisos de maternidad/paternidad más extensos y ajustados a las necesidades reales
  • Contar con permisos necesarios para cuestiones familiares, como en otros países
  • Jornadas reducidas y excedencias, y otras soluciones temporales de conciliación
  • Posibilidades de acceso al mercado laboral tras la maternidad o crianza
  • Formación online y opciones de recapacitación profesional
Cualquiera podría pensar que este confinamiento nos ha propiciado ese tiempo para la conciliación por el que algunos peleamos. Pero la otra cara de la moneda es la imposibilidad de encontrar a fecha de hoy recursos para retomar la carrera profesional donde la dejamos en marzo de 2020, sobre todo porque ya no estamos en el mismo momento. Hemos retrocedido varias décadas atrás.



La oportunidad

En medio de todo este panorama bastante negro, y que a muchos ha dejado enormes cicatrices, hay una oportunidad que quizá podamos visualizar. Nuestra oportunidad se llama teletrabajo, pues de pronto, una crisis ha demostrado que podemos ser igual de eficaces desde el ordenador de casa. Que las reuniones se pueden hacer por skype, que la formación puede ser online y que los servicios se pueden vender y comprar por internet.

No digo que sea perfecto, nada sustituye el trato humano y lo que aporta pertenecer a un grupo de trabajo, pero lo cierto es que, si podemos compaginarlo con la familia, para muchas personas puede ser una alternativa importante.

Una asignatura pendiente

Pero ahora que vamos camino del desconfinamiento o la desescalada, como se ha denominado, nos damos cuenta de que para volver a la realidad necesitamos que alguien solucione nuestros problemas de conciliación. Los niños tienen que volver al cole y nosotros a nuestros trabajos, que se dé el curso por terminado no viene a arreglar una realidad en la que muy difícilmente contaremos con otros recursos como academias, campamentos, ludotecas o servicios de canguro.

La incertidumbre no ayuda ni a nivel empresarial, ni a nivel personal. Necesitamos realidades y plazos claros a los que poder acogernos para retomar nuestra maternidad pero también nuestra vida profesional donde la dejamos. No sé, si entre los 23 ministerios que cuentan que tiene este gobierno, hay alguno, que quizá podría preocuparse de esto.

¿Hay alguien ahí?

miércoles, 20 de julio de 2016

Conciliando en primera persona (mi voz hace 4 años)

Hoy me he encontrado casi por casualidad con un post de mi primer blog, que hoy yace algo abandonado, un proyecto en el que entonces me embarqué sin demasiadas pretensiones, como una mera bitácora personal.

Es bastante largo pero he pensado que quizá os enganche mi relato, mi voz hace cuatro años, con los niños pequeños, y otras perspectivas muy diferentes. Hoy veo un poco la luz al final del túnel, pero las perspectivas son similares. Espero que os guste:

La utopía de la conciliación

 30 de octubre de 2011 - 10:56 by Carmen Delia Díaz

En estos momentos no sé muy bien cómo definir la conciliación, pero escribo mientras mi hijo Guille gatea a mi alrededor y lo pone todo patas arriba. Me sentiría mejor si jugara con él, pero necesito sacar aunque sean cinco minutos para pelear por las cosas en las que creo, y de paso, intentar dejarle un mundo mejor.
ADVERTENCIA: este ensayo es muy largo, unas siete páginas. No se lo lea si no le interesa la conciliación, si no le interesa la problemática social de los hijos, si no quiere oír hablar de niños, colegios, guarderías, etc.
Yo y la sombra de mi hijo mayor
Hoy he entrado por segunda vez en un magnífico blog del País que os recomiendo: http://blogs.elpais.com/mamas-papas/ No conozco a sus autores pero ya he manifestado alguna vez que mi generación ha tenido que esperar a que algunos grandes periodistas tuvieran hijos -o tuvieran que ocuparse personalmente de ellos- para poder leer artículos como estos. Si los de mi quinta se han retrasado en la maternidad, en el sector periodístico ya ni te cuento. En el blog se reflejan un rosario de comentarios sobre cuál es el horario de cada mamá y papá trabajadores. La mayoría coinciden entre sí, y también con el mio, minuto arriba, segundo abajo. Por el medio hay quien se escandaliza de que un niño esté nueve horas en la guardería y hay también mamás directivas que curiosamente dicen que no debemos quejarnos de nada y que conciliar está chupado. Comentarios que sin duda resultan poco creíbles para una auténtica mamá, y me refiero a la que atiende directamente a sus hijos, no a quien tiene una empleada interna 24 horas al día que hace bondadosamente el papel de madre para otros niños.
Para pensar en cómo era una madre de antes, aplicado a mi familia, tendría que remontarme hasta mi bisabuela. Esto viene al caso de que algunos de los "comentadores" del blog dicen que la vida de las mujeres fue así siempre y que antes no se quejaban. El comentario tiene tela pero me hace reflexionar... realmente la lectura que saca quien lee a quienes hablamos de conciliación es que nos estamos quejando... ¿nos estamos quejando?
Es posible que el cansancio, la realidad que nos rodea o las dificultades para hacer compatible tener una familia con trabajar hagan que parezca que nos quejamos. Y es que quienes no tienen hijos creen que los padres nos quejamos de vicio... "no haberlos tenido" me han dicho más de una vez. Qué fuerte! he pensado, que alguien a quien mi hijo va a pagar la pensión de jubilación diga esto mientras "se va de rositas" eligiendo renunciar a tener descendencia. El mundo es libre y cada uno decide, nada es mejor ni peor, pero entonces todos tenemos derecho a quejarnos.
Personalmente creo que la conciliación es una utopía. Es imposible dedicar tiempo a dos cosas a la vez. Si estás trabajando en casa no puedes estar cuidando de un niño, aunque ayudaría poder trabajar desde casa cuando tienes a un niño enfermo, sin duda, pero el caso es que al final el tiempo se divide en dos, un rato atiendes al niño, y un rato al trabajo, y así, al final, haces ambas cosas deficientemente. Si entramos en detalles sobre los tipos de trabajo podemos sacar múltiples reflexiones. Evidentemente no es lo mismo una teleoperadora que un informático, o un abogado que una costurera. Yo trabajo en comunicación y marketing y realmente conciliar me resulta bastante difícil en un 50 por ciento de los días, e imposible un 25 por ciento, el restante 25 es llevadero. Esto es teoría, la práctica es que la mayoría de los días al salir de mi trabajo voy con los niños a cuestas atendiendo llamadas del móvil, tomando notas, hablando por el manos libres con clientes que de vez en cuando oyen un berrinche de uno de mis hijos, trato de comer algo mientras respondo mails desde la blackberry, y todo ello sin olvidar que el bebé necesita un disfraz de halloween para el viernes, o que el mayor tiene que llevar una calabaza decorada al colegio. Me resulta imposible cuando tengo que trabajar por las tardes porque tengo un evento, una reunión o alguna gestión del trabajo, lo que es totalmente incompatible con atender a los niños por lo que tengo que buscar rápidamente a alguien para que se quede con ellos, algunas veces sabiéndolo en el mismo día. 
Acabo de darme cuenta de que ni he mencionado a mi marido, la verdad es que sólo estoy hablando de mi parte de trabajo en casa, pero somos un equipo y el día que uno no puede colaborar para el otro es absolutamente agotador. Él también baña, hace cenas, prepara biberones, recorta sombreros para disfraces de chino en carnavales y va al súper, faltaría más. Lo que es cierto es que su horario de trabajo es más amplio, yo tengo reducción de jornada y trabajo -en la oficina- solo 6 horas, lo que me obliga a ser yo siempre la que llevo a los niños al colegio y los recojo.
Suelo decir que mis hijos son mi ONG. Me siento feliz de haber tomado la decisión de tenerlos y siento la responsabilidad de educarlos para que sean buenas personas y valiosos profesionales; esta es mi contribución a la sociedad. Pero hace tiempo que me he dado cuenta que no sirve de nada tratar de explicar a alguien que no tiene a nadie a su cargo que a la hora en que sale tu hijo del colegio te tienes que ir pitando. 
Cuando tenía 23 años salía a las 8 de la mañana de casa con un enorme bolso y me resultaba algo emocionante no saber cuál sería la hora de llegada. Durante alguna etapa corta también he estado pluriempleada y trabajado de 8 de la mañana a 12 de la noche, con una hora para comer. Correr para aquí, correr para allá. No me quejo, me encanta mi trabajo, he vivido experiencias increíbles, pero evidentemente ese ritmo no se puede aguantar toda la vida, y menos si decides tener hijos.
Hoy tengo 35 y dos hijos de 3 y 1 año. Mi reto es conciliar, ser eficaz, y la verdad es que hacer en 6 horas lo que hacías en 8 es fácil con un poco de organización y eliminando pérdidas de tiempo innecesarias. El correo en el móvil es un inventazo, entiendo que un cliente no entienda que se le tarde un día en responder a un mail, así que intento responder desde la blackberry a las cosas urgentes pero he aprendido a distinguir perfectamente lo inminente de lo que puede esperar a mañana. A pesar de todo veo que no soy igual de productiva que cuando tenía 23 años. Es imposible. Si surge un imprevisto que hay que resolver y es mi hora de salida yo me tengo que marchar. Si no salgo en hora no llego a recoger a los niños, no me da tiempo a comer, y voy a carreras toda la tarde hasta la hora en que sale mi marido que ya quedo un poco más disponible. Para mí, un problema gordo que surge al mediodía prácticamente tiene que esperar a las 6 de la tarde, trabajando en comunicación esto es un grave problema.
¿Cómo se podría resolver esta disminución temporal de la productividad? Desde mi punto de vista de dos únicos modos: con espíritu de equipo y con incentivos sociales. Se entiende que en un equipo de trabajo hay personas en diferentes circunstancias. Si hay respeto y cariño, todos lo hemos vivido, y unos pueden suplir a otros. Es verdad que es desigual, pero si se entienden los niños como una carga familiar, creo que no es tan grave, quizá la ley podría establecer algunas compensaciones, me parecería justo. Hace unos años me vi en esa situación. Junto con otra compañera, yo era la más joven de una empresa que en mi oficina tenía unos 16 trabajadores. Algunos tenían hijos pequeños, otros muchas más décadas de trabajo a sus espaldas, el caso es que cuando tocaba quedarse a acabar un proyecto al final nos tocaba siempre a los mismos. No tenía hijos en aquel momento pero os aseguro que siempre entendí a una compañera que tenía dos niños pequeños y trabajaba a destajo hasta la hora de salida y luego nos dejaba el resto a nosotros. También recuerdo a otra que salía corriendo a recoger a su hijo y se lo traía a la oficina. El pobre hacía los deberes en una de las mesas mientras su madre terminaba el proyecto. Me impresionaba el agobio de aquella madre que además estaba separada y no tenía a nadie en la ciudad que le echara una mano.
Pero como no se puede pretender que el espíritu de equipo lo vivan igual unas personas que otras, y enseguida hay quien se queja de la cara que tiene una mamá que se va a casa con sus hijos mientras otros acaban el trabajo, ahí entra la ley. En primer lugar debería equipararse un hijo pequeño a un familiar dependiente, puesto que un bebé es un ser con un grado de dependencia de un cien por cien. Esto es así guste o no guste. Nadie discute a una persona con su madre inválida en casa que tenga que irse en hora, nadie se molesta cuando paras el coche en doble fila y bajas a una persona mayor en silla de ruedas… pero si en lugar de eso bajas a un bebé te empiezan a pitar, haced la prueba. Al parecer, no se puede cargar a un adulto en silla de ruedas 3 manzanas, pero si tienes que dejar a un bebé en la guardería la gente –que no tiene hijos- cree que deberías buscar aparcamiento todos los días y caminar bajo la lluvia con 10 kilos encima, más la bolsa. 
Sería tan sencillo -en época de bonanza claro, no ahora en crisis que no hay dinero para nada- hacer una campaña de concienciación para que la gente entienda que un niño de hasta 5 años es un ser con un nivel de dependencia equiparable al de un adulto superdependiente. Necesita que se le alimente, se le vista, se le abrigue y se le lleve de un sitio a otro. Afortunamente el peso en kilos es menor que el de un adulto. Con una buena concienciación social ganaríamos bastante en conciliación los trabajadores, habría más solidaridad entre trabajadores y el equipo podría suplir durante unos años lo que durante esos años un papá o mamá no pueda dar en horas extras. Incluso se podrían establecer compensaciones, primando a las empresas que las den por ejemplo, y de forma que los compañeros las perciban en dinero o en días libres. 
A nivel social, desde luego creo que se debería prohibir por ley toda forma de discriminación por condición familiar. Prohibir la entrada a un menor a un local (hablo de cafeterías, hoteles, etc.) es discriminarle a él y a sus padres. Y esto además bastante increíble en una sociedad en la que no nacen niños para garantizar un crecimiento y el mantenimiento futuro de las infraestructuras básicas. Desde luego que hacen falta incentivos, si no, muy pocos darán el paso de tener hijos.
Pero además se necesitan incentivos sociales establecidos por los gobiernos. Se ha avanzado mucho en guarderías, pero lo cierto es que yo tengo que llevar a mi hijo a una que está en el otro extremo de la ciudad porque en mi zona abrieron una que sólo cubre una pequeña parte de la demanda, posteriormente abrieron otra privada pero que también está llena. Quienes no están en esta situación no lo saben pero, estando embarazada de sólo tres meses ya tuve que solicitar plaza para mi bebé a riesgo de quedarme sin ella, y como yo muchas personas. Cuando digo que hemos avanzado me refiero a que hay bastantes guarderías de nueva apertura y cubren un horario amplio, si uno se empeña consigue una de 8 a 18 horas por ejemplo, y con flexibilidad para recogerlo a una hora u otra. El problema está en los colegios.
En muchos centros se ha incorporado un servicio de guardería a primera hora, se conoce como madrugadores y facilita un montón la vida, aunque haya que pagarlo, claro. Entre otras cosas no se monta el lío que se monta de coches en los colegios porque los niños entran escalonadamente. Pero el problema está a la salida. Los niños salen en torno a las 17 horas, todos, excepto los que se quedan a actividades. A un niño de infantil no vas a dejarlo más de esa hora porque viene absolutamente roto, desde las 7 de la mañana que está en pie. Además, las extraescolares cuestan un dinero y tendrías que dejarlo siempre, no solo algunos días que por trabajo te venga bien. No conozco ningún colegio que tenga servicio de guardería a la salida, de modo que no tengas que llegar al colegio a las 17 horas clavadas, sino que puedas quedarte una hora más en el trabajo y recogerlo media hora más tarde, por ejemplo. Me produce verdadera ansiedad la salida del colegio de mi hijo, si me retraso diez minutos, sólo queda él, lo llevan a conserjería y te llaman por teléfono. ¿es esto compatible con un trabajo? Difícilmente, traten de explicárselo a su jefe…
Realmente pienso que debería haber algún mecanismo de apoyo social familiar que obligara a los centros privados y públicos a prestar servicio de guardería –madrugadores- y también a la hora de la salida. Podría entrar en detalles, pero sólo daré dos. Muchos colegios públicos, cuando un niño de 3 ó 4 años se hace pis, llaman a sus padres para que vengan a cambiarlo porque los profesores de infantil se niegan a hacerlo. Podría llegar a entenderlo, aunque me cuesta, pero se imaginan la cara de un empresario cuando un trabajadore pide abandonar su puesto durante una hora para ir a cambiar a su hijo, que se pasa una hora mojado esperando? Esto es una forma de maltrato infantil, y difícilmente los trabajadores deberíamos tener derecho a ello, pero entonces los colegios tendrían que hacerse cargo, por voluntad o por ley. El segundo detalle es el horario. Los niños de infantil salen en torno a las 12:30 -13:00 si van a comer a casa, y entran a las 15:00 para volver a salir a las 17 horas. Realmente, ¿son estos horarios compatibles con una madre o padre que trabaje? La respuesta es no. Lo que te obliga a pagar 100 euros al mes adicionales de comedor y además, de forma opcional, una actividad extraescolar de mediodía, para que el niño no se pase 2 horas vagando por las aulas vacías del colegio. Seguro que muchos expertos han estudiado el tema y propuesto soluciones legales para que se pueda hacer que los horarios escolares y los laborales vayan un poco más acordes. 
Por último se debería explicar a la sociedad que los progenitores que se acogen a una reducción de jornada por maternidad o paternidad no cobran las horas que no trabajan. Algunas veces me he sorprendido de que a la gente le parezca un abuso este derecho del trabajador, que además de tener un hijo a su cargo pasa a cobrar menos, aunque, afortunadamente, cotiza por sus 8 horas igualmente. Algo hemos avanzado con esta medida que es de gran apoyo.
Legislación, políticas de apoyo a la natalidad y a la familia y concienciación social. Tener hijos y criarlos educándolos como personas es un bien no sólo para sus padres sino también para la sociedad en su conjunto. Reconocimiento de los niños de hasta cinco años como superdependientes, no a efectos de cobrar ningún subsidio sino de derechos y ventajas sociales y de instar a la solidaridad. Mientras no veamos así el problema parecerá que seguimos quejándonos, y no buscando soluciones que dejen un mundo mejor a las generaciones venideras.

jueves, 18 de febrero de 2016

La pirámide demográfica y la conciliación

Sobre conciliación he oído y leído ya una buena cantidad de cosas. Desde el eminente experto que dice que para el impulso demográfico la conciliación no sirve de nada y lo que hay que hacer es repoblar con inmigrantes... ¿dónde quedan los derechos de las madres españolas?, se podría preguntar una. Hasta el político al que se le llena la boca pidiendo que las guarderías alarguen su horario hasta el infinito. Puede que algún día se enteren de que muchos padres no quieren basar su crianza en tener al niño 12 horas en un centro infantil, aunque para mí, como para mucha gente, este sector es un servicio necesario.

Ahora que se ha publicado la pirámide poblacional de Galicia todos hemos alucinado. Seguro que muchos recordáis como yo la clase de sociales de EGB, donde veíais aquellos gráficos en forma de triángulo. Pues bueno, eran tiempos de muchos nacimientos y también muchos fallecimientos. Hoy el panorama ha cambiado, y los expertos se llevan las manos a la cabeza porque no nacen niños, la esperanza de vida se ha alargado considerablemente y aquella enorme generación que nació en la postguerra española ahora es abuela o abuelo. Ya no hablamos de pirámide sino de lo que va camino de convertirse en un rombo.

En La Voz de Galicia de hoy recoge una tribuna de opinión del catedrático de sociología Antonio Izquierdo Escribano, en el que se analizan las causas de este cambio en la estructura poblacional gallega. Aunque sin citar la palabra conciliación, este experto habla del "desajuste entre el deseo de ser madre y las condiciones reales para serlo". Claro, todos sabemos que no es fácil hacer compatible una carrera profesional con la crianza y educación de un niño. Aborda el tema del segundo hijo, cuestión que pocas veces se toca, por cierto. "La fecundidad también se reduce porque quienes quieren tener más de un hijo no encuentran apoyo público para su buena cría". Aquí aludimos directamente al tema de las ayudas, sean fiscales, en infraestructuras o del tipo que sean, teniendo en cuenta cómo son los salarios, y especialmente los de las mujeres, en nuestro país.

El artículo sigue llegando a los remedios clave para esta sangría poblacional. "El remedio reside en apoyar a la mayoría de las mujeres", dice este sociólogo. Lo cierto es que muchas veces las ayudas públicas son solo para las rentas tan sumamente bajas que dejan fuera a un grueso número de padres y madres que tienen un nivel adquisitivo bastante bajo. Pero la mayor verdad llega en la mitad del artículo al expresar que las madres queremos compatibilizar trabajo y familia, y para ello hay que asegurar que a la maternidad "no le siga un despido laboral". Una triste realidad esta, que con la crisis se ha acentuado y que las autoridades que tanto lloran por nuestra demografía siguen sin inspeccionar ni sancionar en muchas ocasiones.

Algunas empresas -en Galicia los ejemplos aún son bastante tímidos- han ido haciéndose sensibles a la conciliación como un derecho para sus trabajadores y conscientes también de la dimensión social de estos programas. Pero queda mucho camino por andar, empezando porque nos escuchen a las mujeres y dejen de interpretar nuestra realidad por nosotras.


jueves, 17 de septiembre de 2015

Las mujeres en política y su ejemplo con la maternidad

Cada vez que un personaje público manifiesta su embarazo y comunica cuándo se incopora tras la baja o cómo va a organizarse con la crianza del bebé son muchos los y las internautas que se manifiestan. El último caso lo tenemos con Susana Díaz, la presidenta de la Junta de Andalucía que se ha incorporado al trabajo tras una baja de 45 días. 

La ley concede en España a quienes tienen un hijo 16 semanas ininterrumpidas, de las cuales al menos las 6 primeras debe disfrutarlas la madre y las restantes 10 puede tomarlas el padre. La presidenta andaluza ha cumplido rigurosamente con esto, respetando su periodo obligatorio, y volviendo tras él al trabajo. 

No lo hizo así Soraya Sáenz de Santamaría, que se presentó en su puesto de trabajo solo diez días después de dar a luz. Hay quien piensa que estos ejemplos no son buenos teniendo en cuenta que son los políticos quienes deben dar ejemplo pues están en el punto de mira de la ciudadanía. Por el contrario, muchas mujeres se acogen a su derecho a tomarse o no la baja de maternidad, y decidir sobre su situación personal. 

Podríamos seguir citando ejemplos de un extremo y otro como el de Carme Chacón, que estuvo de baja seis semanas; el de la ministra francesa Rachida Dati, que volvió al parlamento cinco días después de una cesárea o el de la conselleira gallega Ethel Vázquez, que comunicó a los medios que se ausentaría 6 semanas tras adelantársele el parto y que las restantes 10 las cogería su pareja. 

La pregunta que surge es si un hombre o mujer en otra circunstancia verían lógico renunciar a parte de su baja médica tras una intervención para mostrar lo profesionales que son. Y si todos debemos aplaudir estas cuestiones, dejar libertad a cada uno, o pedir responsabilidad a los personajes públicos. Esto, dejando de lado, que un tema de salud le afecta a uno solo, pero en la maternidad además de la recuperación de la madre hay un hijo que requiere unos cuidados muy específicos. 

¿Crees que los políticos deben dar ejemplo en esta materia? ¿Son beneficiosos estos ejemplos para los empresarios y la situación de la mujer en el mercado laboral? ¿Piensas que equiparar las bajas maternales y paternales sería la solución a estos problemas? Te escuchamos...



jueves, 10 de septiembre de 2015

La conciliación, según Paternidad & Maternidad

Hoy hemos conocido el blog P&M Por una maternidad, paternidad y conciliación dignas. Detrás está una mujer que además de su trabajo, su familia y su vida también pone su granito de arena en la pelea por una mejor conciliación en nuestro país. Con su autorización comparto su último post que creo que nos da una visión muy clara de cuál es la realidad de muchas mujeres y hombres con hijos en este país.

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LA CONCILIACIÓN ES COSA DE ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

Por Elena Tena García

Aquí os dejo un testimonio de una mujer que trabaja para una empresa grande y que no le facilitan por ningún lado la conciliación familiar ni la reducción de jornada. Otro ejemplo más de que la conciliación es cosa de Alicia en el país de las maravillas.

Buenas tardes, quería escribir para comentar mi caso:
A escasos 7 días de la incorporación a mi puesto de trabajo tras haber agotado las 16 semanas de maternidad, los escasos 13 días de lactancia y los 30 días de vacaciones. Pedí una adaptación de horario de 10 a 14 o de 10 a 16 horas como a la empresa mejor le viniese ya que tengo un contrato en el cual he de hacer 901 h anuales. 

Presenté el escrito un 10 de agosto y me contestó la empresa la semana pasada diciéndome que me denegaban ese horario. Yo  alegué que entre semana necesitaba salir a las 16 h como muy tarde, pues no tengo a quién recoja a mi hija de la guardería y que el sábado y el domingo me era indiferente el horario que pusieran (si trabajo de lunes a domingo, navidad, año nuevo, reyes, incluso aunque en Valencia le diese por caer una nevada monumental que no creo, se trabajaría) y su contestación fue que es imposible ponerme ese horario y que no puede hacer nada más, cosa que me indignó porque no estaba pidiendo nada del otro mundo y es una empresa grande… Es más, me dijeron que yo vería lo qué hacía, pero que ese horario no me lo iban a dar. 

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Si quieres hacernos llegar cualquier testimonio, comentario o remitirnos tu post sobre conciliación lo compartiremos, pues nos interesa dar cabida a diferentes visiones sobre este tema. 

 

martes, 8 de septiembre de 2015

Adaptación y conciliación: la vuelta al cole

En estos días volvemos al cole, los padres también. Dependiendo del centro escolar los horarios de entrada y salida, y las reglas de adaptación para los más pequeños pueden ser un auténtico quebradero de cabeza. 

En algunos colegios los horarios de las reuniones son de mañana o a media tarde. ¿Cómo te organizas para asistir? Esto puede llegar a ser una verdadera locura para los papás que trabajan por cuenta ajena. Además de pedir días para cuando están enfermos, revisiones médicas, reuniones, días conmemorativos, etc. recién terminadas las vacaciones pedir un día para el primer día de cole no parece una buena idea. 

Pero lo cierto es que muchos educadores recomiendan una adaptación paulatina. Esto puede ser quedarte un rato en clase con ellos, hasta que pierden el miedo y se van haciendo a su nuevo entorno, o una auténtica locura de empezar llevándolos una hora, luego dos, luego tres... ¿Cuál es tu experiencia?

Luego están las comparaciones, que son odiosas. Tú quieres dejar a tu hijo porque ya has estado un rato con él y está tranquilo, pero el compañero tiene a los papás, los abuelos y la madrina con la cámara de video allí durante toda la mañana. Hasta un adulto se asustaría con esa jauría de clase. 

Adaptarse a los horarios y las rutinas escolares es otro de los quebraderos de cabeza. Madrugamos más, tenemos menos tiempo para todo, van llegando los primeros deberes... ¿cómo te organizas? ¿Quién recoge a los niños si los papás terminamos la jornada laboral en general bastante más tarde que los colegios? ¿Recurriremos a actividades extraescolares? ¿Quién los lleva? ¿Cuánto tiempo y dinero invertimos en esas actividades extra...? 

Y el wasap, ese wasap que estuvo calladito todo el verano y desde el día 1 de septiembre no ha parado de sonar... Que si dónde habéis comprado la goma eva, que si el sacapuntas tiene que ser con recoge virutas... en fin. Una auténtica locura, si sobrevivimos a esto los padres somos capaces de hacer hasta la calabaza de halloween con nota, eso seguro. ¿No nos metemos mucha caña hoy en día con todo esto de ser buenos padres?

¿Conseguiremos los mayores adaptarnos al cole este año tan bien como nuestros peques, o no...? En eso estamos. Feliz retorno y no olvides compartir tu experiencia, nos interesa.